#NadiaMurad, premio al sufrimiento humano

Este viernes la Academia del Nobel le concedió a la activista Yazidí Nadia Murad Basee el premio Nobel de la Paz 2018.
Jaime Anzures
2018/10/05
Última actualización: 2018/10/05 - 2:49 pm
Jaime Anzures
Entre Líneas

Este viernes la Academia del Nobel le concedió a la activista Yazidí Nadia Murad Basee el premio Nobel de la Paz 2018 por “arriesgar su propia seguridad para combatir con coraje crímenes de guerra y buscar la justicia para las víctimas”.

Nadia Murad de 25 años, activista iraquí de origen yazidí ex esclava del grupo yihadista Estado Islámico ha sido galardonada este viernes con el Premio Nobel de la Paz 2018.

Nadia Murad es la testigo que habla de los abusos cometidos contra ella y otros. Ella ha demostrado un valor extraordinario al relatar sus propios sufrimientos y hablar en nombre de otras víctimas”, dice el Comité que otorga el galardón. Murad vivía con su madre y sus 12 hermanos en el pueblo de Kojo, al norte de Irak, cuando el 3 de agosto de 2014 llegaron los soldados del Estado Islámico. Fue secuestrada y vendida como esclava sexual. La joven logró escapar en noviembre de aquel año, gracias a la ayuda de los vecinos. Acabó en un campo de refugiados de Irak y después se trasladó a Alemania.

Nadia Murad ha escrito un libro porque quiere que el mundo entienda lo que siente una chica de 19 años cuando la violan cada día distintos hombres. Quiere que se sepa que lo que le ha pasado a ella lo sufren las mujeres yazidíes que aún son esclavas sexuales del Estado Islámico (ISIS). Pero sobre todo quiere que su testimonio sirva como prueba el día en el que sus violadores acaben en el Tribunal de La Haya.

Le pegaron y la violaron un día tras otro. En varias casas, en un puesto de control de la carretera. La vendieron como mercancía como una pieza más dentro de un engrasado y burocratizado mercado de seres humanos. La trataron peor que a los animales. Deseó morir y que la mataran, pero lamenta que no tuviera esa suerte.

Los yazidíes son una de las minorías más antiguas de Irak, que bebe del zoroastrismo persa y creen en un dios y en siete ángeles sagrados. El Estado islámico les persigue por considerar que adoran al diablo. Naciones Unidas pide a la comunidad internacional que “reconozca el genocidio cometido por el ISIS contra los yazidíes y que de los pasos necesarios para llevar el caso ante la justicia”.

Nadia logró escapar de su cautiverio de milagro. Un iraquí de Mosul se jugó el pellejo y la sacó enfundada en un niqab negro de la zona de influencia del ISIS. Más tarde, Nadia encontró refugio en Alemania, como otros cientos de miles de demandantes de asilo para los que la política de puertas abiertas de la canciller, Angela Merkel ha sido un salvavidas. Aquí vino gracias a un programa del Estado de Baden-Württemberg para víctimas supervivientes del ISIS. De la mano de su hermana, dejó atrás el campo de refugiados en el norte de Irak, en el que vivían en condiciones penosas y junto a otros mil supervivientes se instalaron en el sur de Alemania.

Y ahora desde Alemania, recorre el mundo con su relato debajo del brazo. Su caso lo defiende Amal Clooney, la conocida abogada defensora de derechos humanos, empeñada como ella en que el Estado Islámico pague ante la justicia por sus atrocidades. “Hay muchos supervivientes que pueden prestar testimonio. El propio ISIS presume en las redes sociales de lo que le hace a las yazidíes. Tenemos la esperanza de que la justicia es posible. Prueba de ello es que algunos países occidentales ya han reconocido el genocidio yazidí”, piensa Nadia.

El día de hoy el testimonio de Nidia es el reflejo del maltrato a las mujeres no solo en esa región del planeta sino en todos los rincones en los que el machismo y las costumbres religiosas extremistas son predominantes y tanto daño causan a nuestra humanidad. En México, si no a esos extremos, también hay muchas mujeres que sufren ese tipo de maltratos y sus voces lamentablemente no son escuchadas.

Estoy seguro que el cambio de este tipo de vida influye en los valores que cada uno de nosotros practiquemos día con día. Consiste en dejarnos de sentir ajenos a los problemas de nuestro entorno, de nuestro estado, nuestro país o nuestro planeta. Siendo conscientes de que hay hombres, mujeres y niños que sufren todos los días y que ese sufrimiento es el reflejo de nuestro desinterés, que sus derechos humanos son reprimidos y vulnerados por prácticas tan arcaicas que en un mundo moderno deberían haber dejado de existir hace mucho tiempo.

Ojalá que la voz de Nadia Murad sea el llamado a que muchas más personas puedan hacer consciencia del dolor que sufre un ser humano en estas condiciones infrahumanas en cualquier parte del planeta y que las autoridades le den la importancia que requiere este tema tan delicado.

Que esta historia nos sirva para reflexionar pero sobre todo para valorar todo lo que tenemos a nuestro alrededor, desde el techo en el que nos refugiamos al finalizar el día así como el plato de sopa caliente que se sirve en nuestra mesa, pero aún más a nuestra gente, nuestros hijos o nuestra familia y que entonces sea a través del amor que podamos ser más fuertes pero sobre todo felices.

Gracias y hasta la próxima.

Jaime Anzures