Crisis de los partidos políticos: el reto del @PRI_Nacional en los tiempos de @PartidoMorenaMx

El pasado 1 de julio Andrés Manuel López Obrador arrasó en las elecciones presidenciales.
José Luis Camacho
2018/10/08
Última actualización: 2018/10/08 - 11:42 am
José Luis Camacho
En Tiempo Real

El pasado 1 de julio Andrés Manuel López Obrador arrasó en las elecciones presidenciales.

Colgados de su inmensa popularidad llegaron al triunfo candidatos a gobernadores, senadores, diputados federales y locales, alcaldes postulados por Morena.

Políticos que por sí mismos jamás habrían sido ganadores como lo fueron con López Obrador como candidato presidencial.

El voto duro de Morena, si consideramos la elección del 2015, no rebasa los 10 millones de sufragantes a su favor.

Sumados los votos que obtuvieron en julio pasado los demás candidatos de Morena a cargos de elección popular, entre todos no alcanzan la cifra de los 53 millones de votos que obtuvo el tabasqueño.

Hubo en esa elección una segmentación de votantes en favor de AMLO que vale la pena considerar antes de suponer que Morena, como partido político, es la primera fuerza política del país.

Por López Obrador votaron, cuando menos un 70% de los 53 millones que obtuvo, como un abierto rechazo a la corrupción de connotados peñistas y a las mal hechas reformas estructurales en energía, educación y comunicaciones.

Ello sumado a la constante denuncia del tabasqueño sobre esos hechos de corrupción y mal gobierno.

El otro 30% de los votos a favor del tabasqueño se pueden repartir entre priístas que traicionaron a su candidato y a su partido; o por panistas que decidieron apoyar a AMLO.

Y finalmente a la izquierda que votó en conciencia a favor del hoy presidente electo ya hubiere sido desde el casi extinto PRD o de las rémoras acomodaticias del Partido Verde o del momificado PANAL.

Dice Alfonso Durazo que en México el priísmo es una cultura política. Y sí lo es.

Si a López Obrador ya en el gobierno, le siguen fallando sus colaboradores como el desbarre de César Yáñez o los pleitos internos entre Monreal y Batres que juegan una sucesión muy adelantada, muchos de los que votaron por AMLO empezarán a migrar decepcionados nuevamente al PRI.

Por ahora el tricolor tiene una dirigencia ñoña y campechana.

Si el próximo año, cuando se renueven sus cuadros directivos alguien se pregunta quién sería el gallo que enfrentara el reto de la recomposición del PRI, solamente aparecen dos nombres con posibilidades reales de hacer una tarea de reconstrucción del viejo partido.

Ellos son, en primer término, el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno. Y con menos posibilidades el senador Manuel Añorve Baños, que cuenta con aliados muy importantes dentro del partido, aun cuando algunos de ellos no vivan sus mejores momentos políticos.

Alejandro Moreno, popularmente conocido como Alito, ha trabajado de manera eficiente sus aspiraciones de convertirse en presidente nacional del PRI.

Sus amarres trascienden las fronteras del sureste mexicano. Pero además, por su intuición política Alito ha logrado ser bien visto por el presidente electo López Obrador y por gobernadores de Morena que pronto entrarán en funciones como los de Chiapas y Tabasco.

Alito se ha convertido en un activo clave como impulsor de la construcción del proyecto del Tren Maya. Pronto lo acompañarán en esa empresa los próximos mandatarios de Tabasco, Adán Augusto López, y de Chiapas, Rutilio Escandón, y hasta el panista yucateco Mauricio Vila.

Pero Alito seguirá siendo un líder en esa promoción que tanto interesa a AMLO.

Alejandro Moreno solo tiene como competidor serio a Manuel Añorve. Las manifestaciones unipersonales de Ulises Ruiz o Ivonne Ortega son aspavientos que no le dicen nada a la todavía consistente nomenclatura del PRI.

Pues si la ecuación de morenistas cometiendo errores y el PRI comandado por gentes con capacidad de convocatoria como la que tienen Alito y Añorve se pone a recuperar sus militantes perdidos a causa de la cerrazón y de la corrupción del peñismo, los tricolores serán para el 2021, ya sin López Obrador en campaña, una posible oposición real y fuerte a Morena.

Mañana analizaremos el contexto en el que se está dando la pugna por la dirigencia del PAN y su consecuente futuro.

En tiempo real

1.- El jovenazo Carlos Martínez Velázquez, quién será el próximo director del INFONAVIT después de que le dieron esquinazo a Juan Carlos Zentella, se despachó en un evento con vivienderos en Mazatlán con un discurso como si YA FUERA TITULAR DEL ORGANISMO.

Martínez Velázquez es un consentido del próximo titular de la SEDATU, Román Meyer Falcón, pero el inexperto mozalbete podría tener corta vida en un organismo tan complejo como el INFONAVIT.

2.- Hace unos días, se dio a conocer que el Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz reveló que, la Coordinación General de Comunicación Social del estado cometió presuntas irregularidades en sus pagos, durante la administración de Miguel Ángel Yunes Linares.

El todavía gobernador presuntamente  desvío de 338 millones de pesos, según el informe de la Cuenta Pública 2017, indica que varias dependencias reportaron daño patrimonial, entre ellas la Sedesol, Protección Civil, Sedarpa y Espacios Educativos.

Esta situación le fue cuestionada Yunes, quien por supuesto lo negó y dijo que las observaciones son “una absoluta mentira”.

3.- El interino jefe de Gobierno, José Ramón Amvieva no quiere pasar desapercibo en la historia de los gobernantes de la capital del país, ya que no ha hecho nada de trascendencia, entonces se le ocurrió la idea de mandar quitar las placas del metro unas placas que hacían alusión al expresidente Gustavo Díaz Ordaz.

Claro esa acción la tenía que hacer un día que hiciera mucho ruido y por ello eligió el 2 de octubre, cuando se cumplían 50 años de la masacre de los estudiantes en Tlatelolco.

Para algunos la noticia se tomo con agrado, pero para la gran mayoría, entre ellos cronistas e historiadores, la acción se trato de una vacilada, pues pretende eliminar los registros históricos de la CDMX, ya qué las placas son parte de la memoria histórica del metro y no un monumento apologético.

 

José Luis Camacho Acevedo